OPINIÓN

Un príncipe de La Iglesia, un ángel en el cielo

Cuando recibes la noticia de un fallecimiento siempre te entra el escalofrío o la sensación de tristeza de alguien que se va y que ya no vas a poder ver más o compartir…en este caso es una sensación de vacío grande, muy grande, porque se ha ido un referente y un ejemplo de vida en todos los sentidos.

Un señorío innato, con semblante tranquilo y determinante. Castellano internacional, genio y figura hasta que nos dijo adiós. Y se despidió como se caracteriza, en silencio, sin ruido y lleno de paz, la misma que me transmitía cada vez que nos encontrábamos y que podía tener la gran alegría y reconforte de escuchar con sus consejos y esa fuerza que le irradiaba de su mirada limpia y del alma grandiosa que tiene un ser como él, que es referente de Dios en la tierra a cada paso y a cada instante.

Un arzobispo modernizador y un referente en la actualidad, con 30 años al servicio del gobierno de la Iglesia de Sevilla, con una actividad plena y una capacidad de trabajo increíble.
Que gran huella y que gran camino, haciendo camino al andar. Un apóstol que jamás pasará desapercibido, y se quedará siempre en nuestros corazones y en nuestros pensamientos, sobre todo en los que lo conocíamos bien y tuvimos la oportunidad de estar cerca.

Nos unían muchas cosas, gran relación con mi familia gallega e inmenso cariño mutuo con mis abuelos paternos que le han seguido en toda su trayectoria y con los que compartió grandes momentos en el monasterio de los franciscanos de Canedo (Ponteareas, Pontevedra). Y cuando me trasladé yo a Sevilla hace ya hoy la magnífica cifra de 24 años, supe desde el principio que no estaba sola y que tenía una mano de santo tendida. Galicia, Pontevedra, Santiago de Compostela, nuestras rosquillas de hojaldre que le encantaban y esas pinceladas castellanas que también compartíamos por familias maternas.

Un tesoro tan preciado, un alma tan autentica, un ángel, que hasta se me siguen llenando los ojos de lágrimas cuando recuerdo cuando volvimos a encontrarnos en el Convento de La Clarisas en la Calle Águilas con motivo de la presentación de un libro o en Villaverde del Río que celebró una misa el famoso 8 de Septiembre con motivo de la fiesta de La Virgen.

Pablo, Pablo, (así se dirigía al Hermano Pablo, a su secretario personal, a ese gran compañero de viaje), mira quien está aquí, la nieta de Abacuc (mi querido y adorado abuelo), Ana, aquí está Ana de nuevo; y yo orgullosa sonreía y lo miraba fijamente llenándome de esa fuerza, de ese señorío y de esa paz que todavía me acompaña en mis oraciones y en mis pensamientos.

Y me quedo para mí sus palabras, sus pensamientos, sus sabios consejos, rápidos y directos, sin tambaleos.

Y que gran alegría para mi saber que desde ayer Abacuc y mi querido Cardenal están juntos ya en el cielo y que Dios los tiene en su Gloria, en el Reino de los Grandes, acompañándole y cuidando de nosotros desde allí.

Me quedo con su cercanía, con la gran adaptación que desarrolló en Sevilla, una ciudad donde la Fe está en la calle y en sus tradiciones. La Fe de un pueblo lleno de contenido y a la que él supo adaptarse rápidamente y de forma eficaz y lidiar con tantos y tantas instituciones y organizaciones. Me quedo con un ser especial, único e irrepetible. Un referente para La Iglesia
y un ejemplo de vida y de saber hacer. Un señorío innato que traspasa fronteras, un alma grande y un corazón inmenso. Un príncipe real haciendo camino al andar.

D.E.P mi querido Padre, mi querido Cardenal

ANA DE LA PEÑA FERNÁNDEZ-GARNELO
Directora Global Rull y Asociados